Cuando la noticia incomoda, el problema no debería ser el periodista

Opinión23/09/2026Redacción El CaudilloRedacción El Caudillo
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EDITORIAL DE ELCAUDILLO.COM.AR

Hay una discusión que empezó alrededor de una noticia sobre un tema especialmente delicado para Salta y que, en el camino, terminó teniendo también una dimensión personal por parte de un funcionario hacia un periodista. Pero no vamos a dejar que una diferencia personal termine tapando una cuestión mucho más importante: qué lugar ocupa la prensa frente al poder.

Desde El Caudillo bancamos a Rodolfo Ceballos. Es parte de quienes colaboraron con este medio y, además, una "viejo zorro" del periodismo salteño que lleva muchos años escribiendo, preguntando y poniendo temas incómodos sobre la mesa. No necesitamos estar de acuerdo con cada palabra que publica para defender algo mucho más básico: su derecho a ejercer el periodismo sin que una diferencia con un funcionario se transforme en un ataque personal.

Y acá hay una diferencia que no es menor. Teruel es funcionario. Ceballos es periodista. Uno ocupa un cargo público y administra una responsabilidad que pertenece a todos los salteños; el otro escribe y opina sobre asuntos de interés público. Si un funcionario considera que una información es falsa, incorrecta o está mal interpretada, tiene todas las herramientas para responder: puede mostrar los datos, explicar el contexto, desmentir lo publicado y ejercer su derecho a réplica. Ese es el terreno en el que debería darse la discusión.

Porque atacar al periodista, descalificarlo o correr la discusión hacia su persona no demuestra que una información sea falsa. Si hay un dato equivocado, se corrige con otro dato. Si hay una interpretación errónea, se demuestra por qué. Si hay una acusación falsa, se desmiente. Lo demás corre el riesgo de convertirse simplemente en una chicana barata que evita discutir aquello que realmente importa.

Nuestro trabajo no consiste en fabricar enemigos ni en buscar peleas con quienes ocupan cargos públicos. Pero tampoco vamos a pedirles a quienes escriben para El Caudillo que bajen la voz cada vez que una pregunta puede resultar incómoda.

El funcionario tiene derecho a responder. El periodista tiene derecho a preguntar. Somos formadores de opinión. Cosas perfectamente compatibles en una democracia.

Y si una noticia molesta, la respuesta más sólida para cualquier funcionario no debería ser atacar al mensajero. Debería ser algo bastante más sencillo: sentarse, mostrar los números, explicar las decisiones y sostener públicamente la responsabilidad del cargo que eligió ocupar.

Porque al final, la discusión no debería ser si Ceballos le gusta o no a Teruel. La discusión es si lo que escribió es cierto, qué dicen los datos y qué tiene para responder quien está del otro lado del escritorio.

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