



El aniversario 105 de Central Norte no solo dejó vehículos dañados y detenidos; dejó al desnudo, una vez más, la alarmante falta de análisis y gestión en las políticas de seguridad de Salta. Lo que vimos fue la ejecución de un manual obsoleto: amontonar uniformados en un punto geográfico y esperar a que pase el vendaval. Una vez más, la seguridad en nuestra provincia se define por ser reactiva y no preventiva.
La gestión del "mientras tanto"
Gestionar la seguridad no es simplemente desplazar 100 efectivos como si fueran piezas de un tablero de mesa. Una gestión moderna implica análisis de riesgos, inteligencia previa y control de flujos.


- Falta de Inteligencia Criminal: Si el operativo permite que la desconcentración, el momento más crítico y previsible de cualquier evento masivo, termine con daños a la propiedad privada, es porque no hubo una lectura real de los puntos ciegos.
- El fracaso del sistema reactivo: La policía intervino para "demorar" cuando el hecho ya se había consumado. Ese es el corazón del problema: el sistema actúa sobre el daño hecho, no sobre la intención de dañarlo. El vecino del ejido urbano que hoy tiene su auto roto es la prueba viviente de un Estado que llega para labrar el acta, no para cuidar el patrimonio.
Desprotección por omisión
La "manta corta" de la seguridad en Salta es el resultado de una gestión que no sabe priorizar. Al volcar recursos masivos de manera improvisada ante un festejo futbolístico, se desprotege el resto de la ciudad. El ciudadano que vive a kilómetros del estadio, que paga sus impuestos y espera un patrullero en su barrio, queda a la buena de Dios porque el sistema está ocupado tratando de contener un desborde que, con análisis de datos y tecnología de monitoreo, debería haber sido mitigado mucho antes.
Un modelo agotado de "parche sobre parche"
Lamentablemente, la seguridad en estos eventos se ha convertido en una administración de incidentes aceptables. Se conforman con que "no hubo muertos", mientras el ejido urbano se convierte en una zona liberada de facto durante las horas de la caravana.
Hace falta pasar de la reacción policial a la gestión de la seguridad pública. Esto requiere:
- Tecnología de seguimiento en tiempo real que no dependa solo de la vista del agente en la esquina.
- Responsabilidad civil compartida con las instituciones (el club no puede ser un espectador de lo que su propia gente genera).
- Mapas de calor preventivos que cubran las vías de escape y desconcentración, no solo el epicentro del ruido.
Mientras sigamos apostando por el amontonamiento de efectivos sin una estrategia de fondo, seguiremos contando demorados y daños materiales, rezando para que la próxima vez la inoperancia del sistema no nos cueste algo más caro que un vehículo roto.




El Laberinto del Miedo: por qué Salta se volvió un territorio de gestión reactiva



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