Con máscaras para entrar y familias obligadas a huir, avanza el "Chernobyl salteño" que el gobierno elije mirar para otro lado

Salta17/07/2026Redacción El CaudilloRedacción El Caudillo

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El desastre ambiental que afecta al pozo petrolero abandonado de Lomas de Olmedo, en el norte de Salta, continúa agravándose mientras la investigación judicial avanza lentamente y las medidas concretas para detener la fuga siguen sin aparecer.

Lo que el equipo de Greenpeace esperaba encontrar era un problema ambiental. Lo que terminó descubriendo fue una escena que, según sus propios integrantes, los dejó completamente impactados.

"Fue una de las experiencias más duras que me tocó vivir", confesó el biólogo Matías Arrigazzi, en diálogo con El Caudillo, tras recorrer el pozo petrolero abandonado de Lomas de Olmedo. No fue solamente lo que vio, fue lo que escuchó, lo que respiró y lo que sintió al encontrarse con familias obligadas a convivir con una nube permanente de gases e hidrocarburos que avanza sobre sus casas, sus animales y el bosque.

El primer golpe llega incluso antes de acercarse al lugar, el ruido, un sonido ensordecedor, constante, imposible de ignorar: "Es como estar al lado de una catarata o escuchar ese ruido que hace un televisor cuando no tiene señal", describió Arrigazzi.

Después aparece el olor penetrante, nauseabundo, provocado por los gases que salen sin interrupción desde el interior del pozo. Respirar resulta cada vez más difícil.

Hay momentos del día en que la presión aumenta y los vecinos directamente no pueden permanecer cerca del lugar. Muchos debieron modificar por completo su rutina diaria. Incluso cambiaron los horarios para llevar agua a los animales por miedo a que continúen consumiendo agua contaminada.

Las consecuencias ya son devastadoras, más de 350 cabezas de ganado murieron, según relatan los pobladores, pero nadie puede calcular cuántos animales silvestres desaparecieron en silencio dentro del monte: "Son las víctimas invisibles del desastre"

La contaminación tampoco da tregua al bosque. Una lluvia aceitosa cargada de hidrocarburos cae de manera permanente sobre la vegetación, secando árboles y dejando un paisaje desolador donde antes había vida.

Para el equipo de Greenpeace, ingresar al lugar implicó utilizar máscaras de protección, además llevaron un detector de gases. El resultado fue alarmante: el sensor no solamente detectó presencia de gases peligrosos, también activó las alarmas de seguridad del equipo: "Eso demuestra que el lugar no es apto para la vida", afirmó Arrigazzi. Sin embargo, hay familias que siguen viviendo allí y  otras que ya no pudieron hacerlo. Uno de los pobladores tuvo que abandonar definitivamente su hogar porque simplemente ya no podía respirar. La mayor preocupación hoy es la salud.

Nadie sabe qué consecuencias están teniendo años de exposición permanente a esos gases. No existen estudios que permitan determinar el impacto real sobre las personas que continúan viviendo en la zona.

Mientras tanto, la Fiscalía de Pichanal continúa realizando pericias y la investigación judicial sigue abierta, pero sobre el terreno, donde el desastre ocurre todos los días, nada cambió.

Los pobladores permanecen lejos de sus actividades productivas, pierden sus animales, ven morir el bosque que durante generaciones les dio sustento y conviven con la incertidumbre de no saber qué efectos tendrá esa contaminación sobre sus cuerpos.

Para Greenpeace, el tiempo juega en contra.

Cada día que pasa sin sellar el pozo significa más contaminación, más pérdidas y un riesgo creciente de que la permanente emanación de gases termine alimentando un incendio forestal de grandes dimensiones.

"Administrativamente hubo avances, pero en los hechos no cambió absolutamente nada", resumió Arrigazzi.

Y mientras las responsabilidades siguen discutiéndose en expedientes y tribunales, en Lomas de Olmedo la emergencia continúa respirándose todos los días.

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