



El barrio San Calixto volvió a las noticias lúgubres. En pocos días, fue otra vez el emergente de que los tecnócratas en salud mental, los políticos de las palabras fáciles y las decisiones invisibles, solo acumulan fracasos con el modelo solo asistencial en salud mental. En muchos barrios no hay contención de salud mental colectiva.
San Calixto ante la prensa apuntó directamente a la rectoría de Salud Mental. Solicita apoyo para los jóvenes. Un femicidio seguido de suicidio por parte del hombre homicida y un suicidio de una adolescente marcan hoy el nivel de angustia de los vecinos.
En estos casos, seguramente, el equipo de salud mental, como siempre, dará una vueltita por el barrio para ver cómo están las cosas, pondrá sobre la mesa todo el tecnicismo aconsejado en estos casos y se disculpará de que no podrá quedarse por mucho tiempo. Argumentará falta de psiquiatras, la falta de coparticipación federal para invertir más en el sector, la falta de turnos en la salita, etc., etc. Bien vistos esos pretextos, lo que le falta es estrategia comunitaria para hacer prevención en San Calixto.


La rectoría de salud mental, gracias al periodismo, se enteró de que en el barrio hay una acumulación de tragedias. Los habitantes más sensibles están en shock colectivo: la percepción de inseguridad se intensifica, se instala el miedo y aparece la sensación de abandono institucional.
Los vecinos expresaron ante la prensa que “necesitamos que se haga algo” (con relación a la salud mental), lo que refleja la desesperación por respuestas concretas y la falta de confianza en que las autoridades estén actuando con eficacia.
El talón de Aquiles de la rectoría de salud mental es no hacer un trabajo de prevención en los barrios, solo asistencia reactiva o por medio de turnos. El vecino que busca ayuda debe ir a pedirla a un consultorio; el que no llega porque tiene lógicas resistencias psicológicas o de otro tipo, la asistencia no lo alcanzará.
Esa es la mejor prueba de la falla estructural en el modelo comunitario de salud mental que se mueve por el urgencismo, sin planificación ni orientación a la prevención.
Es un modelo reactivo y asistencialista, contrario al paradigma de la salud mental comunitaria, que exige prevención, territorialidad y participación activa.
En Salta, el amateurismo y la crisis del modelo significaron una ruptura del principio de accesibilidad comunitaria y de prevención primaria, lo que explica por qué los vecinos sienten que “nadie de salud mental los busca” y que el sistema solo aparece cuando ya es demasiado tarde. Centralizado en el centro de salud, con poca esencia en la vida comunitaria. Sin participación comunitaria, los vecinos son receptores pasivos de asistencia.
La salud mental comunitaria promueve la construcción de redes con vecinos, organizaciones sociales y escuelas. La rectoría, al no desplegar dispositivos barriales, rompe ese principio de participación y deja a la comunidad sin herramientas de contención. Se limita a esperar que el sufrimiento se manifieste en forma de crisis y recién ahí intervenir.
La clave está en combinar –nunca improvisar, siempre planificar– la fuerza comunitaria con políticas públicas sólidas, porque ni los vecinos solos ni el Estado ausente pueden enfrentar la necesidad de atención en salud mental.
Si existiera un plan de salud mental que integre a los barrios en su dinámica, no habría lugar para la improvisación. En este caso coincidimos en que la improvisación es la cortesía del incompetente.

Mañana habrá una jornada por la semana de la endometriosis en el Materno Infantil: una de cada 10 mujeres la padece



Giro en la causa: citan a la esposa de Santos Vera para ADN “comparativo” y crecen las dudas sobre la investigación







