Prevenir adicciones depende de la buena onda del vecindario

Opinión28/05/2026Redacción El CaudilloRedacción El Caudillo
Opinión - Rodolfo Ceballos (6)

En Salta, una vez más, se apela a la buena onda del vecindario. Esta vez, se hizo un programa de prevención para las adicciones, sin presupuesto y con ciudadanos voluntarios; es decir, se los consideran necesarios para la tarea, pero no tienen ninguna experiencia. El Sedronar y la rectoría de la Salud Mental provincial tendrán que capacitarlos. El interrogante para tanto amateurismo es si podrán profesionalizarse, introducirse en el burocrático sistema de salud mental salteño y si podrán complementarse con la atención primaria de la salud que ya funciona a media máquina.

El nombre que estas personas usarán para la tarea es “Guardián Comunitario”.

En el afán de inventar la pólvora en materia de prevención de adicciones, los guardianes serán una red barrial y municipal que busca suplir la falta de dispositivos estatales en el interior, apoyándose en la capacitación de vecinos y referentes sociales. Y para que quede clara la división de los sueños de cada sector, se dispuso que el programa de los guardianes se integra con APS; no los reemplazará, mientras los centros de salud garantizan el abordaje clínico y terapéutico.

En los hechos, esta “innovación” parece más bien una reinvención del voluntariado sin presupuesto, donde la prevención se delega a personas sin formación específica en adicciones y sin recursos técnicos.

Así, bajo el discurso de la “participación comunitaria”, se deja de lado el paradigma de las mejores prácticas latinoamericanas, que sostienen que la prevención eficaz requiere equipos interdisciplinarios, financiamiento estable, indicadores de adicciones y de zonas de riesgo y evaluación continua.

Modelos como el Plan Nacional de Prevención de Chile, el Programa Planet Youth de Uruguay o el Modelo Comunitario Integral de Brasil demuestran que la prevención no se improvisa: se construye con profesionales formados, objetivos epidemiológicos y participación comunitaria real. En comparación, los Guardianes de Salta parecen más un gesto simbólico que una política pública.

Esta prevención es demasiado independiente de los dispositivos de salud que, por otra parte, tampoco tienen un Plan Provincial de Salud Mental que incluya orgánicamente a la promoción, prevención y asistencia en el área.

La iniciativa de los Guardianes, según sostiene un miembro de la rectoría de salud mental, girará en torno de cada municipio que “se va a constituir como punto focal, determinando gente, empleados municipales que tengan que ver con el área”.

Y la misma autoridad agrega lo siguiente: “Los guardianes comunitarios son referentes naturales, genuinos de cada barrio: un pastor, un maestro, la vecina que hizo el merendero para los chicos. Si bien no van a tener un resarcimiento económico, tienen un resarcimiento social; por ejemplo, cuando hagan trámites municipales, no van a hacer fila; va a haber un día específico para los guardianes comunitarios que van a recibir premios. Necesitamos el compromiso social. No va a haber presupuesto que aguante, no va a haber ninguna decisión política que alcance si la gente misma no se compromete”.

Ante la pregunta de qué hará el guardián, se responde: “Recaudar datos que no tenemos. Cada guardián va a tener planillas en las que va a poder poner toda la información necesaria que observa en sus barrios. Ahora lanzamos las convocatorias. De no creer hasta aquí.

En ningún momento se le cruzó por la cabeza a la rectoría de salud mental salteña proponer la promoción de la salud mental con orientación en las adicciones.

Justamente es lo que falta en Salta: campañas educativas, fortalecimiento de vínculos familiares, actividades culturales y deportivas, y políticas públicas integrales.

Los guardianes son un gesto político sin visión sanitarista, que reemplaza la promoción de la salud por privilegios burocráticos y voluntarismo.

El programa Guardianes se limita a la detección y registro comunitario, sin estrategias de promoción de la salud que eviten el inicio del consumo. Esa omisión es notoria: sin promoción, la prevención queda reducida a un control social improvisado, sin impacto real en la reducción de riesgos.

Con este nuevo experimento seudosanitario de los Guardianes, Salta sacó de la política pública a la salud mental y la partidizó para las próximas elecciones.

 

 

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