



El pasado sábado 21 de marzo, el barrio Santa Lucía no solo fue escenario de un nuevo homicidio que eleva a diez la cifra de muertes violentas en Salta en lo que va de 2026. Fue, sobre todo, el epicentro del colapso de un modelo de seguridad que parece haber quedado anclado en el siglo pasado. El asesinato de Santiago "Pipa" Ferrufino y el posterior incendio de la garita policial son las dos caras de una misma moneda, la impotencia vecinal y la obsolescencia operativa.
La ilusión de la seguridad: Garitas como "blancos fijos"
Desde una visión técnica de seguridad integral, la garita incendiada en Santa Lucía representa el fracaso de la seguridad estática. Mantener a dos o tres efectivos encerrados en una estructura de chapa y cemento, sin tecnología de apoyo ni capacidad de reacción inmediata, no es prevención, es, en el mejor de los casos, presencia simbólica, y en el peor, una vulnerabilidad expuesta.


El hecho de que los allegados a la víctima hayan podido derribar e incendiar el puesto policial tras el crimen evidencia una falta alarmante de protocolos de extracción y control de disturbios. Un sistema profesional no permite que su infraestructura sea capturada y destruida; eso es síntoma de una fuerza superada, no por falta de valor individual, sino por falta de doctrina operativa y profesionalismo en la gestión de crisis.
Desinversión y "Cajas Vacías"
La crítica a la falta de inversión es inevitable. Mientras el discurso oficial habla de modernización, la realidad en los barrios de la zona oeste nos muestra una comisaría que debe cubrir a más de 100.000 habitantes con recursos que resultan irrisorios. Los vecinos ya lo advirtieron en reuniones previas, "un solo móvil no alcanza".
La inversión en seguridad no es comprar más pintura o ploteo, es inteligencia criminal, movilidad efectiva y tecnología de vigilancia activa. Que un sicario en motocicleta pueda circular, ejecutar a una persona frente a una cancha de fútbol y escapar, mientras la policía es apedreada a pocos metros, habla de una desconexión total entre el despliegue territorial y la realidad del mapa del delito, que nada tiene que ver con cartografía.
Profesionalismo vs. Reacción
El ataque a los efectivos, con un saldo de dos uniformados lesionados, también pone bajo la lupa la formación técnica. La seguridad es una ciencia, no un mero acto de presencia, es evolutiva, dinámica, necesita de lo académico y de la expertis en el terreno. Cuando la turba toma el control de la escena del crimen, se pierde el control de custodia y se degrada la autoridad institucional. La falta de un análisis de riesgos preventivo en zonas de alta conflictividad social, es evidente, donde el 60% de los homicidios en Salta ocurren por conflictos barriales, es una negligencia académica y operativa que pagamos lamentablemente con vidas.
Conclusión
Lo de Santa Lucía no fue un "incidente aislado". Fue la crónica de un naufragio anunciado. Si seguimos apostando a la seguridad de la "garita y el efectivo parado" en un contexto de criminalidad armada y organizada, seguiremos llegando tarde.
La seguridad de Salta necesita menos simbolismo y más profesionalismo, inversión real en recursos humanos capacitados, movilidad estratégica y una doctrina de Seguridad Activa que deje de ser reactiva para empezar a ser, de una vez por todas, eficiente. El fuego de esa garita debería servir, al menos, para iluminar las falencias de un sistema que ya no aguanta más parches.
Prof. Lic. Julio Antonio Palavecino

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