¿Martillero o experimento de ministro? la seguridad de Salta no puede ser un premio consuelo

Salta30/06/2026Redacción El CaudilloRedacción El Caudillo
Opinión - Julio Palavecino (16)

La continuidad de la improvisación: Por qué la seguridad de Salta no puede ser un premio consuelo

La seguridad pública no es un área más de la administración del Estado que se pueda manejar con buena voluntad o cintura política; estamos hablando directamente de la vida, los bienes y la tranquilidad de los salteños. Por eso, en un momento donde la provincia atraviesa una situación sumamente crítica de robos, violencia urbana y delitos complejos, la designación de Nicolás Avellaneda al frente del Ministerio de Seguridad no es una renovación esperanzadora, sino una alarmante muestra de improvisación. El currículum del nuevo ministro expone una trayectoria de base como Martillero Público, Corredor Inmobiliario, exgerente de empresas privadas y exsecretario de Industria y Comercio. Con el mayor de los respetos a su experiencia en los negocios y la gestión corporativa, cabe preguntarse qué tiene que ver el mercado de bienes raíces o el fomento al empleo con la urgencia de combatir el delito en nuestras calles.

El argumento defensivo del gobierno provincial será, sin dudas, que el funcionario no es ningún improvisado porque en el último tiempo ya se venía desempeñando como Secretario de Seguridad. Sin embargo, desde una mirada rigurosa, ese antecedente lejos de ser una garantía se convierte en el principal argumento crítico. Su paso por la secretaría —el segundo cargo en importancia dentro de la estructura ministerial— no ha demostrado una transformación en el alarmante mapa delictivo de la provincia, ni la implementación de planes preventivos eficaces en los barrios. Al contrario, ratifica una preocupante continuidad: la de abordar un área tan caliente con lógicas puramente administrativas. Confundir la acumulación de meses en un despacho público con la idoneidad técnica o el conocimiento de la doctrina operativa es el primer gran error de diagnóstico que comete la conducción política.

Este nombramiento desnuda una alarmante confusión entre el control administrativo y la verdadera seguridad provincial. Los antecedentes del funcionario más cercanos al área provienen de la Subsecretaría de Control de la Municipalidad, un espacio orientado a regular boliches, la venta ambulante o las habilitaciones comerciales. Pero controlar la nocturnidad urbana está a años luz de armar una estrategia contra el crimen organizado, el narcotráfico y la creciente delincuencia en los barrios, desafíos que exigen respuestas tácticas e inmediatas, no inspectores comerciales. Para conducir con autoridad real a la Policía de la Provincia y coordinar el trabajo con las Fuerzas Federales en una frontera caliente como la nuestra, se necesita un liderazgo especializado que conozca el territorio desde la acción y la doctrina. Promover al ministro a quien ya formaba parte de una gestión desgastada solo amenaza con burocratizar aún más las fuerzas y desmotivar a los efectivos que arriesgan la vida en la calle.

En un momento donde los salteños exigimos planes urgentes, mano firme y especialistas idóneos en el lugar de los hechos, el gobierno provincial vuelve a optar por el enroque de nombres y el reparto de cargos políticos, tratando a la cartera de Seguridad como si fuera una secretaría administrativa más. La seguridad es un derecho básico y fundamental que debe estar en manos de expertos capaces de blindar la provincia y devolvernos la paz, no de administradores generalistas cuya única credencial en el área es haber ocupado transitoriamente un sillón institucional mientras el delito continuaba ganando terreno.

 

Lic. Prof. Julio A. Palavecino - MP M12169

Perito – M 480016

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