El caso Thiago, otro ícono de las alertas tempranas desoídas

Opinión24/06/2026Redacción El CaudilloRedacción El Caudillo
Opinión - Rodolfo Ceballos (9)

La muerte sospechada de infanticidio de Thiago Altamirano (2 años), ocurrida en Salta, es investigada judicialmente y creó expectativa en la opinión pública. Si se confirma que fue infanticidio -todavía esa palabra no está incorporada al Código Penal que lo trata como homicidio calificado por el vínculo (art. 80, inc. 1)-, involucrará a la madre y/o al padrastro, detenidos preventivamente.

Los convivientes del niño están sospechados de maltrato y la autopsia determinará la causa exacta de la muerte.

Tres de algunos diarios importantes de la provincia dieron peso a la noticia. Uno priorizó la voz institucional y la cautela; otro, visibilizó la dimensión social y comunitaria del hecho y, un tercero, denunció la falla del sistema judicial y de protección infantil.

En este sonado caso, las conjeturas de los que siguen la investigación creen en distintos disparadores del hecho: trastornos mentales graves, violencia intrafamiliar, apego inseguro y situaciones de desesperación o ira que habrían tenido alguno de los convivientes de Thiago.

Al caso se agregan los abuelos paternos. Ya habían denunciado maltrato reiterado y pedían la tenencia del niño y su hermano menor.

Los psicólogos forenses, de acuerdo a la estandarización de la mayoría de los infanticidios/filicidios, admiten que no es frecuente que un progenitor mate a un hijo menor.

El avance de los estudios criminológicos da cuenta de que los factores más frecuentes para que ocurran estos tipos de homicidios son, en general, los trastornos mentales graves, la depresión severa, la psicosis, el trastorno límite o antisocial de la personalidad o el consumo de drogas peligrosas.

Otras de las causas generales de los asesinatos de los niños son la violencia intrafamiliar, el abuso y las dinámicas de agresión. A todo esto, puede sumar el apego inseguro.

Hay también contextos que son determinantes, como los factores sociales: la pobreza, el aislamiento y la falta de apoyo comunitario.

Desde una perspectiva de género, el crimen cometido contra niños se motiva también en que algunos hombres suelen actuar por ira e impulsividad para dañar a las madres con las que tienen diferencias irreconciliables. Esto es lo que se llama la “tendencia a la violencia instrumental”. El niño es víctima secundaria de conflictos de la pareja.

La madre de Thiago tuvo una maternidad adolescente y solía expresar en redes sociales el afecto por su hijo.

Por su parte, los abuelos han demostrado dentro de este cuadro familiar -hoy de pérdida- ser protectores frustrados.

Realizaron antes de la muerte de Thiago múltiples denuncias por maltrato, sin respuesta judicial efectiva. Viven esa impotencia y un duelo, como si hubieran percibido anticipadamente algún abandono estatal.

Los psicólogos del sistema judicial describen a estas figuras de la abuelidad protectora como “la alerta temprana” que el sistema de vigilancia judicial de la infancia suele ignorar, generalmente antes de que se comete un grave atentado contra las personas.

Cuando fracasan el derecho de familia, las mediaciones oportunas y las intervenciones anticipadas a cualquier desenlace fatal, aparece el derecho penal a movilizar los expedientes con síntomas de violencias familiares previas a la tragedia.

Ahora la Fiscalía especializada en Graves Atentados contra las Personas tiene una hipótesis: las lesiones incompatibles con la caída accidental de Thiago de una cama (según declararon la madre y el padrastro) permiten sospechar que un homicidio calificado por el vínculo.

Si la autopsia y otros pasos de la investigación confirman la hipótesis, entonces el filicidio mostrará que la historia de la madre y/o el padrastro no concuerda con la evidencia forense del crimen.

En la última década, Salta registró varios casos de infanticidio/filicidio, según los archivos judiciales y los reportes de prensa.

Por Rodolfo Ceballos para ElCaudillo.com.ar

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