
Pilcomayo desbordado, promesas hundidas: otra crecida, el mismo abandono en el norte salteño
Municipios22/01/2026
Redacción El Caudillo


La historia se repite con una precisión cruel. El río Pilcomayo registra la mayor crecida de la temporada y vuelve a poner en jaque a las comunidades del norte de Salta, mientras el Estado llega tarde, otra vez. El agua ingresó a la ruta provincial 54, a la altura de Misión La Paz, y mantiene en riesgo a unas 60 familias de la comunidad wichí de Misión Km II, que año tras año quedan a merced del clima y del olvido oficial.
Personal y maquinaria de Vialidad Provincial trabajan contrarreloj a unos dos kilómetros del puente internacional con Paraguay, pero el dato central es otro: las defensas y obras de contención ya fueron superadas por el caudal del río. Obras que se anuncian, se parchean y se muestran en fotos cada vez que baja el agua, pero que vuelven a fallar cuando el Pilcomayo hace lo que siempre hace: crecer.
“Si rompe, el río pasa directo a la comunidad”, advirtió Hugo González, vocero wichí. No es una metáfora ni una exageración. El peligro es concreto y se agrava porque en la zona funciona la escuela primaria N° 4762, expuesta a una situación que no debería sorprender a nadie que gobierne con un mínimo de previsión.


Desde el Sistema de Alerta Temprana confirmaron que el escenario es crítico también en Bolivia y que el pico de la crecida impactará con más fuerza en Salta en las próximas horas. La advertencia estaba hecha, como todos los años. Lo que no estuvo, una vez más, fue la decisión política de anticiparse.
Las comunidades wichí no solo enfrentan las inclemencias del clima. Cargan además con la pobreza extrema, la falta de infraestructura básica y un abandono estructural que se vuelve evidente cada vez que el río sube. No hay obras de fondo, no hay planificación sostenida, no hay respuestas duraderas. Solo emergencia, urgencia y funcionarios corriendo detrás del agua.
El Pilcomayo no sorprende. Sorprende —o ya no tanto— que el gobierno provincial siga actuando como si fuera la primera vez. Mientras tanto, las comunidades originarias vuelven a pagar el precio más alto: perder lo poco que tienen, vivir con miedo y esperar que el río, esta vez, tenga piedad.
Gentileza: Rivadavia te informa


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