
Ana Guerrero Palma: la intendenta "boxitracia" que no descansa… ni se controla
Política11/12/2025
Redacción El Caudillo


La intendenta de General Enrique Mosconi, Ana Guerrero Palma, volvió a estar en el centro de un escándalo que vuelve a poner en entredicho su rol como funcionaria pública. Esta vez no fue por una obra, ni por una gestión política: fue por una disputa con un comercio de Tartagal por un par de sandalias doradas. Sí, leíste bien: sandalias doradas. ¿Qué clase de jefa comunal es la que se enoja hasta por un calzado y arma un escándalo que termina siendo viral?


Según el descargo oficial de la tienda afectada, Guerrero Palma entró como cualquier cliente, eligió sandalias, se las llevó conforme, y horas después volvió al local para armar un escándalo, acusando a la empleada de venderle zapatos con “olor a pis de gato”, mojados y despintados. La empleada —que solo intentó seguir el protocolo de atención— terminó recibiendo insultos, la intendenta tiró los zapatos sobre el mostrador y amenazó con “escrachar” al comercio en redes. Y claro: se identificó como intendenta para reforzar su reclamo.
Esto no es un hecho aislado. Meses atrás Guerrero Palma fue denunciada por agredir físicamente a una empleada de la Clínica San Antonio de Tartagal, con golpes, empujones y amenazas, porque —según su versión— la trabajadora era amante de su marido. Esa denuncia incluso fue tratada en el Concejo Deliberante de Mosconi, que debatió un proyecto de repudio y mencionó la posibilidad de una comisión investigadora ante la conducta de la mandataria.
Lo más insólito es la narrativa que Guerrero Palma intenta imponer: cuando se la confrontó por la agresión en la clínica, dijo que fue un malentendido, que la otra mujer la “atacó primero” y que ella “iría de nuevo” porque su reclamo era “legítimo”. Sí, una intendenta que admite que no se arrepiente de agredir a alguien.
¿Quién banca a esta funcionaria? ¿Qué circuito de justificaciones políticas o mediáticas permite que alguien con denuncias de agresión física y episodios de ira pública siga en su cargo como si nada? En una provincia donde se pide condena y justicia para mujeres víctimas de violencia —y con razones de sobra— Guerrero Palma parece recibir un pase libre para convertir cada episodio personal en un espectáculo institucional.
No es solo una tienda de zapatos, ni un incidente aislado: es una pauta de comportamiento que contradice todo lo que se supone debería representar quien detenta una investidura pública. ¿Hasta cuándo la excusa de “problemas personales” va a seguir encubriendo comportamientos inaceptables? Porque el cargo no se hereda, y los vecinos de Mosconi merecen una gestión que esté a la altura de sus necesidades, no una intendenta que convierte cada contratiempo en un escándalo.


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