El mapa del delito en barrio el Pilar: robos, prostitución y aguantaderos que siembran miedo

Salta05/02/2026Redacción El CaudilloRedacción El Caudillo
1770303532085-019c2e4f-0089-72a4-8950-139131e333f0

El barrio Pilar atraviesa un deterioro acelerado de la seguridad que mantiene en vilo a vecinos y comerciantes. Lo que durante años fue una zona tranquila hoy aparece marcada por robos reiterados, peleas constantes y la presencia permanente de jóvenes delincuentes, muchos de ellos en situación de calle y con problemas de adicciones, que convirtieron varias esquinas y pasillos en puntos críticos.

“Antes podíamos sentarnos en la vereda o dejar la bici afuera, hoy vivimos con miedo. El barrio cambió para peor y nadie hace nada”, relató un vecino de la zona, con bronca contenida. La preocupación se repite cuadra tras cuadra y apunta especialmente a sectores que ya son identificados como focos de inseguridad.

Uno de los puntos más conflictivos señalados por los propios vecinos es la esquina de Rengel y Zuviría, donde la prostitución se convirtió en una actividad permanente. Según denuncian, ese lugar funciona como punto de reunión de mujeres trans y jóvenes con adicciones, generando peleas, disturbios y hechos delictivos. “No es una cuestión de discriminación, es una realidad: hay discusiones, gritos, robos y nadie controla nada”, afirmó una comerciante de la zona.

La inseguridad se extiende también a lo largo de las vías del tren, en el tramo que va desde Juana Moro de López hasta el paso a nivel de calle Arenales. Allí, según los testimonios, se concentran robos, consumo de drogas y movimientos sospechosos durante todo el día. A esto se suma un aguantadero ubicado sobre Juana Moro de López al 500, señalado como un sitio donde se refugia gran parte de los delincuentes del barrio. “Todos sabemos dónde se esconden, pero nadie los saca. Es tierra liberada”, sostuvo otro vecino.

Los hechos recientes refuerzan el clima de alarma. Este jueves por la mañana, una carnicería ubicada sobre calle Zuviría al 2000 fue blanco de un nuevo robo que desató la indignación de comerciantes y frentistas. Según testigos, los delincuentes rompieron el vidrio del local y, desde afuera, extrajeron la caja registradora utilizando un palo. En el lugar dejaron abandonada una balanza, lo que evidenció el apuro con el que actuaron.

Días antes, otro comercio dedicado a la venta de insumos para mascotas, ubicado en la intersección de Zuviría y Tamayo, también fue víctima de la delincuencia. En ambos casos intervino personal policial y de Policía Científica, que realizó peritajes en el lugar, y se confirmó la existencia de cámaras de seguridad que podrían aportar datos para la investigación.

Sin embargo, para los vecinos, las actuaciones posteriores no alcanzan. “Vienen después del robo, sacan fotos y se van. Nosotros seguimos viviendo acá, con miedo”, resumió un frentista. El reclamo es claro y se repite: mayor presencia policial, controles constantes y el despeje urgente de los puntos críticos que hoy funcionan como refugio de delincuentes.

Te puede interesar
Lo más visto