
"No somos cipayos": el senador libertario Gonzalo Coraita pidió respeto y evitar insultos, aunque Milei lleva más de mil agravios documentados
Política07/08/2026
Redacción El Caudillo


Mientras defendía en el Senado la Ley de Inviolabilidad de la Propiedad Privada, el senador salteño por La Libertad Avanza, Gonzalo Guzmán Coraita, hizo un llamado a la moderación. "Ninguno de los que integramos el bloque de La Libertad Avanza somos cipayos", afirmó, y pidió dejar de lado los calificativos "peyorativos" porque, según sostuvo, solo entorpecen el diálogo parlamentario.
El planteo sonó razonable. El problema es que llegó desde el mismo espacio político cuyo principal referente convirtió el agravio en una marca registrada.
La contradicción es difícil de pasar por alto. Mientras Coraita reclama respeto institucional dentro del recinto, el presidente Javier Milei acumula un largo historial de insultos públicos dirigidos a periodistas, opositores, economistas, artistas, dirigentes sociales e incluso jefes de Estado de otros países.


No se trata de episodios aislados ni de exabruptos ocasionales. Estudios realizados por organizaciones periodísticas muestran que el Presidente utilizó más de mil descalificaciones públicas durante sus primeros meses de gestión. "Ensobrados", "lacras", "sicarios con micrófono", "mandriles", "econochantas", "basuras", "chorros", "parásitos" y "zurdos" forman parte de un repertorio que se repite tanto en discursos oficiales como en entrevistas y publicaciones en redes sociales.
A nivel internacional tampoco hubo excepciones. Milei llamó "corrupto" y "ladrón" al presidente brasileño Luiz Inácio Lula da Silva, calificó de "comunista asesino" al mandatario colombiano Gustavo Petro, trató de "ignorante" al entonces presidente mexicano Andrés Manuel López Obrador y protagonizó una crisis diplomática con España tras agraviar al presidente Pedro Sánchez y a su entorno.
En ese contexto, el pedido de Coraita de abandonar los calificativos adquiere un matiz inevitablemente irónico. Resulta llamativo escuchar un llamado a la cordialidad desde un espacio cuya conducción política consolidó un estilo basado precisamente en la confrontación permanente y la descalificación personal como herramienta de comunicación.
Mientas que el senador salteño reclama un debate sin agravios, el liderazgo nacional de su propio partido convirtió el insulto en un sello político y hasta en una estrategia de construcción de poder.



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