



El termómetro del consumo popular empieza a marcar señales de alerta. En una recorrida realizada por el equipo de El Caudillo en el Mercado San Miguel, puesteros coincidieron en un dato que preocupa: la venta de hoja de coca cayó de manera notoria en comparación con el año pasado.
La postal se repite en distintos puestos. Menos clientes, compras más medidas y un movimiento que ya no tiene el ritmo de otros tiempos. “La gente viene, pregunta, pero lleva menos”, resumieron. El consumo, que históricamente se mantiene firme en el norte, hoy muestra signos de retroceso que impactan directamente en el día a día de los vendedores.
El dato no es menor. La hoja de coca, producto arraigado en la cultura local, también acusa el golpe de la crisis económica. Según explicaron los puesteros, la baja se siente en las ventas diarias y solo repunta levemente cuando el precio afloja.


Hoy, el cuarto de coca ronda los 11 mil pesos, una cifra que muchos clientes ya no pueden sostener con la misma frecuencia. Ante ese escenario, los vendedores apelan a descuentos por cantidad para intentar sostener el movimiento, aunque reconocen que no alcanza para recuperar el volumen perdido.
El mensaje que baja desde los puestos es claro, cuando el precio baja, el consumo reacciona; cuando sube, el freno es inmediato. En ese vaivén, la coca —símbolo de costumbre y resistencia— también queda atrapada en la lógica de un bolsillo cada vez más ajustado.




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