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# "Profe desde el jueves que no como": un alumno caminó 10 kilómetros con hambre y se descompensó en la escuela dejando expuesta la cruda realidad de las comunidades originarias

![Niños rarámur](/download/multimedia.normal.86739d2096e78da9.bm9ybWFsLndlYnA%3D.webp)

Un alumno de 18 años llegó a su escuela después de caminar aproximadamente 10 kilómetros desde su casa, en el paraje Lote 4, ubicado a unos 23 kilómetros de Pampa del Indio, Chaco. No llegó solamente cansado, llegó con hambre, tanta que terminó descompensándose dentro del establecimiento.

Antes de caer, el joven le dijo a su docente una frase que resume una realidad que ningún indicador económico alcanza a explicar por completo: **“Profe, tengo hambre, desde el jueves que no como nada”**.

La situación fue dada a conocer por la profesora Tuty Aguirre, quien además expuso el contexto familiar que atravesaba el estudiante. El joven había perdido recientemente a su madre y, en medio del duelo, su padre debió trasladarse de urgencia para realizar los trámites relacionados con el sepelio. En la vivienda quedaron solos el adolescente y su hermano, sin alimentos.

El episodio no aparece, según el relato de la docente, como un hecho aislado. Aguirre señaló que en esa comunidad originaria es habitual que los estudiantes lleguen los lunes con hambre y que muchos pidan hasta tres platos de comida porque durante el fin de semana no tuvieron una alimentación suficiente.

El comedor escolar funciona y, de acuerdo con la docente, alcanza para atender a los alumnos durante la jornada. Pero allí aparece el límite de una política que no puede resolver por sí sola lo que sucede puertas afuera de la escuela y es **el hambre también está instalada en los hogares y** es justamente allí donde las estadísticas nacionales encuentran su rostro más crudo.

Los últimos datos publicados por el INDEC muestran que durante el primer semestre de 2026 el 32,3% de las personas relevadas en los 31 aglomerados urbanos quedó por debajo de la línea de pobreza, mientras que el 7,5% se ubicó por debajo de la línea de indigencia. Son cifras que permiten dimensionar la magnitud de la vulnerabilidad social, aunque por su metodología no captan necesariamente situaciones particulares como la de las comunidades rurales alejadas de los grandes centros urbanos.

El dato también obliga a mirar más allá de las discusiones sobre inflación, actividad económica, dólar o equilibrio fiscal. Una economía puede mostrar determinados indicadores de recuperación y, al mismo tiempo, dejar expuestos a sectores que todavía no consiguen garantizar algo tan básico como una alimentación suficiente.

Desde la llegada de Javier Milei a la Presidencia, el Gobierno nacional ha defendido públicamente su programa económico y sostiene que el país atraviesa una etapa de recuperación y ordenamiento de sus principales variables. Pero en el otro extremo de esa discusión aparecen escenas difíciles de encajar en cualquier relato de prosperidad: un estudiante que camina kilómetros para llegar a clases y se descompensa porque lleva días sin comer.

**El contraste no necesita demasiadas explicaciones**

Mientras la discusión económica se mide en porcentajes, reservas, dólares y resultados fiscales, en Lote 4 un adolescente de quinto año llegó a una escuela después de recorrer unos 10 kilómetros con el estómago vacío. Y cuando finalmente habló, no pidió una explicación económica ni hizo un reclamo político. Dijo simplemente que tenía hambre.

La historia de este joven además se cruza con otra desigualdad, la territorial. No es lo mismo atravesar una crisis alimentaria en un centro urbano que hacerlo en una comunidad alejada, donde las distancias, el transporte y las condiciones materiales pueden profundizar todavía más la vulnerabilidad.

La escuela termina funcionando entonces como mucho más que un lugar de enseñanza. También aparece como comedor, espacio de contención y, en determinados casos, como uno de los pocos lugares donde el hambre puede ser detectada.

Pero una maestra no puede reemplazar una política social, del mismo modo que un comedor escolar no puede resolver por sí solo la alimentación de una familia.

La escena ocurrida en Lote 4 deja una imagen difícil de ignorar: un joven que perdió a su madre, quedó temporalmente sin alimentos junto a su hermano, caminó 10 kilómetros para llegar a estudiar y terminó descompensado por hambre.

Detrás de los grandes números de la economía hay historias que no entran fácilmente en una planilla estadística. Y algunas tienen apenas 18 años, una mochila al hombro y una frase que debería incomodar a cualquier sociedad: **“Desde el jueves que no como nada”**.

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