Zona norte baja en alerta: vecinos denuncian que la inseguridad y el consumos problemáticos avanzan, sin piedad, sobre barrios que antes eran tranquilos

Salta07/10/2026Redacción El CaudilloRedacción El Caudillo
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Los barrios Vicente Solá, Mosconi, Lamadrid, El Pilar, Miguel Ortiz, Tres Cerritos y Ferroviario atraviesan, según testimonios recibidos por este medio, un proceso de deterioro que preocupa cada vez más a quienes viven y trabajan en la zona. Vecinos describen calles, esquinas, pasillos y espacios públicos donde el consumo problemático aparece con mayor frecuencia y donde, aseguran, también crece la sensación de inseguridad.

Las denuncias coinciden en un punto: personas cada vez más jóvenes aparecen vinculadas a situaciones de consumo, sin distinción de género, y en algunos casos directamente en condiciones de extrema vulnerabilidad. Vecinos señalan que varios de estos jóvenes ya se encuentran en situación de calle y utilizan desagües y canales pluviales como lugares para dormir o refugiarse, una realidad que además genera preocupación por los episodios de violencia, robos y otros delitos que, según los testimonios, se producen alrededor de estos puntos.

“No sabemos qué hacer. Pedimos ayuda y cada vez vemos más jóvenes en estas condiciones”, es el planteo que se repite entre los testimonios que llegaron a la redacción. El reclamo no apunta solamente a una mayor presencia policial: los vecinos piden intervención social, asistencia para quienes atraviesan consumos problemáticos y una respuesta sostenida del Estado antes de que la situación termine consolidándose en el territorio.

El problema tampoco aparece únicamente en los relatos vecinales. Durante 2026, la Policía de Salta realizó distintos operativos preventivos precisamente en este sector de la ciudad. En febrero, el Gobierno informó el refuerzo de patrullajes en Vicente Solá, Pilar, Lamadrid y Miguel Ortiz debido al accionar delictivo en los últimos meses, pero después no pasó nada. 

En otro operativo realizado en febrero, fueron demoradas 28 personas por infracciones contravencionales y otras tres por delitos en Vicente Solá, El Pilar, Lamadrid y Miguel Ortiz. En marzo, los operativos alcanzaron también a Mosconi y Tres Cerritos, mientras que en abril se registró un enfrentamiento entre grupos en Miguel Ortiz que terminó con tres detenidos de 18, 21 y 22 años.

Es precisamente allí donde los vecinos plantean una pregunta que excede a la Policía: ¿qué ocurre con la prevención y el abordaje de los consumos problemáticos antes de que una persona termine en la calle, consumiendo y atravesando situaciones que también pueden derivar en hechos delictivos?

La pregunta alcanza directamente a la Coordinación Interministerial de Prevención y Abordaje de Consumos Problemáticos (CIPAC), conducida por Alba Quintar. La propia Provincia presentó durante 2026 un Plan Provincial de Prevención y Abordaje de Consumos Problemáticos, con programas destinados a la detección temprana, el acompañamiento territorial, las juventudes y la articulación entre organismos.

Pero mientras los anuncios oficiales hablan de prevención, articulación y presencia territorial, en estos barrios los testimonios recogidos por este medio describen una realidad que preocupa a quienes viven allí donde jóvenes cada vez más chicos, consumo visible, personas durmiendo en espacios destinados al escurrimiento de agua, conflictos en la vía pública y una sensación creciente de que determinados sectores están perdiendo la tranquilidad que durante años los caracterizó.

En El Pilar, por ejemplo, vecinos ya habían advertido sobre robos reiterados, peleas y la presencia de jóvenes en situación de calle vinculados, según sus testimonios, a problemas de adicciones. En la zona de las vías ferroviarias también se habían señalado episodios de robos, consumo y movimientos sospechosos durante distintos momentos del día.

“Todos sabemos dónde se esconden, pero nadie los saca. Es tierra liberada”, había señalado un vecino al referirse a uno de los puntos cuestionados.

Ahora el reclamo vuelve a aparecer, pero con un componente que genera todavía mayor preocupación por la edad de quienes están quedando atrapados en estas situaciones.

Los vecinos aseguran que ya no se trata solamente de personas adultas. Relatan haber visto jóvenes y adolescentes cada vez más expuestos al consumo y a la calle, muchas veces sin acompañamiento familiar, sanitario o estatal suficiente. Y advierten que la situación no distingue entre varones y mujeres.

El cansancio también empieza a hacerse visible. Los testimonios hablan de familias que modificaron rutinas, comerciantes preocupados, vecinos que evitan determinados sectores y personas que aseguran haber pedido intervención sin encontrar una respuesta que consideran suficiente.

El clamor de los vecinos es que las autoridades intervengan antes de que estos barrios terminen naturalizando una realidad que no debería ser normal.

La preocupación atraviesa a Vicente Solá, Mosconi, Lamadrid, El Pilar, Miguel Ortiz, Tres Cerritos y Ferroviario. Son barrios distintos, con historias y características propias, pero los testimonios recibidos por este medio coinciden en describir un mismo fenómeno: una combinación cada vez más visible entre vulnerabilidad social, consumos problemáticos, personas en situación de calle y episodios de inseguridad.

La Provincia sostiene que existen políticas específicas para prevenir y abordar los consumos problemáticos y que durante 2026 se profundizó el trabajo territorial. Pero los vecinos plantean que los resultados concretos deben verse en las calles y que la prevención no puede comenzar cuando el problema ya se instaló.

Porque detrás de cada joven que duerme en un canal, una zanja o un espacio abandonado no hay solamente un problema de seguridad. Hay una historia de vulnerabilidad que requiere asistencia, contención y tratamiento. Y cuando esa respuesta no llega a tiempo, el problema termina impactando también sobre las familias, los comerciantes y el resto de la comunidad.

La zona norte pide ayuda. Y el reclamo ya no parece ser solamente por más patrulleros: los vecinos están reclamando que el Estado llegue antes, cuando todavía existe una posibilidad concreta de evitar que una generación entera termine acostumbrándose a vivir entre el consumo, la calle y el miedo.

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