¿Sáenz está con Milei o contra Milei? Las señales cruzadas y el doble discurso que desconciertan en Salta

Salta09/04/2026Redacción El CaudilloRedacción El Caudillo
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El gobernador Gustavo Sáenz vuelve a quedar en el centro de las contradicciones políticas que, lejos de aclarar el rumbo de la provincia, profundizan la incertidumbre. Mientras en Salta construye un relato de defensa frente a los recortes nacionales, en Buenos Aires se muestra alineado con las decisiones del presidente Javier Milei, incluso en medidas que luego terminan impactando de lleno en la economía local.

La escena más reciente expone con nitidez esa dualidad. Apenas un día después de que los siete diputados nacionales por Salta —incluidos libertarios y representantes del saencismo— votaran a favor de la modificación de la Ley de Glaciares, desde la Casa Rosada destacaron públicamente el respaldo del mandatario provincial. Milei agradeció el acompañamiento de Sáenz a la iniciativa oficial, considerándolo clave para avanzar en el Congreso y consolidar reformas orientadas, según el Ejecutivo nacional, al desarrollo productivo.

No se trata de un gesto aislado. El acompañamiento del saencismo también quedó expuesto en la votación de la reforma laboral, donde los legisladores alineados al gobernador acompañaron sin fisuras el proyecto impulsado por la Nación. En cada instancia clave, el oficialismo salteño termina jugando en sintonía con la Casa Rosada.

Sin embargo, el discurso cambia cuando se cruza el límite provincial. En Salta, la narrativa oficial apunta en sentido contrario: la Nación aparece como responsable de los recortes, del ajuste y del deterioro económico que golpea a municipios y sectores vulnerables.

Esa contradicción quedó nuevamente expuesta este jueves en la voz de la vocera oficial Paula Benavidez, quien anunció el congelamiento de los sueldos de funcionarios de alto rango del Ejecutivo provincial. La medida, explicó, responde a la caída de la coparticipación que reciben los municipios.

“La medida responde a un escenario donde la coparticipación se desploma. No vamos a dejar que la volatilidad que genera Buenos Aires nos desangre las cuentas de la provincia”, sostuvo Benavidez. Y fue más allá: “Mientras Nación aplica la motosierra –que más parece un hacha sin dirección– el gobernador elige el bisturí para ajustar con precisión a donde al ciudadano no lo golpea”.

El mensaje intenta marcar una diferencia conceptual entre la gestión provincial y el rumbo nacional. Sin embargo, el contraste se vuelve difícil de sostener cuando el propio gobierno de Salta acompaña en el Congreso las iniciativas que luego critica en el plano local.

“La Provincia se sigue haciendo cargo de los baches que deja Nación”, insistió la funcionaria, al tiempo que advirtió que más de 53.000 salteños dejarán de percibir planes sociales desde abril, lo que implica una pérdida de aproximadamente 4.000 millones de pesos en la economía provincial. “La Nación sigue achicando y lo hace con los más desprotegidos”, agregó.

El problema no es solo político, sino también discursivo. La convivencia de dos relatos —uno de alineamiento en Buenos Aires y otro de confrontación en Salta— genera un escenario de confusión creciente. Mientras se avalan reformas estructurales impulsadas por Milei, se denuncia al mismo tiempo el impacto negativo de esas decisiones en el territorio.

En ese juego de equilibrios, Sáenz intenta sostener una posición intermedia que, en la práctica, termina desdibujándose. Los gestos de acompañamiento al Gobierno nacional conviven con críticas cada vez más duras hacia sus consecuencias. Y en el medio quedan los salteños, obligados a interpretar un discurso que cambia según el escenario.

La política del “acompañar pero despegarse” empieza a mostrar sus límites. Porque cuando las decisiones se votan, el respaldo queda registrado. Y cuando los efectos llegan, las explicaciones ya no alcanzan.

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