Otro papelón en el corso: agrupaciones afuera, privilegios para organizadores y llanto de jóvenes

Salta26/01/2026Redacción El CaudilloRedacción El Caudillo
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La historia vuelve a repetirse, como cada año. El corso de la ciudad arrancó con bajas, enojo y una sensación generalizada de desorganización que ya parece parte estructural del evento. En la primera noche, dos agrupaciones quedaron directamente afuera del desfile: San Simón Inmortales y la Agrupación Cultural Huayra, generando sorpresa, bronca y decepción entre el público y los propios participantes.

Lo ocurrido no fue un hecho aislado ni una casualidad. Una vez más, los errores groseros en la organización y los “baches” provocados por los privilegios otorgados a determinados grupos dejaron consecuencias concretas: agrupaciones completas que, pese a cumplir con todo, se quedaron sin poder mostrar su trabajo.

Según relataron integrantes y familiares, los retrasos y desajustes se produjeron por el trato preferencial que reciben históricamente algunas agrupaciones como Caporales del Gran Poder o Corazón de Oro, ligadas a los organizadores del corso, Durán (Carnestolendas) y Corimayo (COMUYCA). Ese esquema de privilegios termina corriendo a las agrupaciones más chicas, que siempre pagan los platos rotos.

La situación fue aún más indignante porque muchas de estas agrupaciones venían de una jornada frustrada el sábado, suspendida por lluvia. El domingo, con todo listo nuevamente —trajes, maquillaje, transporte, ensayos, familias completas acompañando—, Infantería se apostó en la largada y directamente impidió el ingreso de los grupos, ya fuera del horario de habilitación del corso.

El resultado: cientos de jóvenes se quedaron sin desfilar, llorando de la impotencia después de semanas de preparación y con gastos de logística que nadie les va a devolver. Trajes, comidas, movilidad y horas de trabajo tiradas a la basura por una organización incapaz de ordenar su propio cronograma.

Como ocurre todos los años, las agrupaciones vinculadas a los organizadores ocuparon los lugares centrales del desfile, mientras otras quedaron relegadas o directamente excluidas. El corso, que debería ser una fiesta popular e inclusiva, vuelve a mostrar su costado más oscuro: desprolijidad, favoritismos y una estructura cerrada donde siempre pierden los mismos. No importa el esfuerzo, la convocatoria ni el compromiso cultural. Si no sos parte del círculo de privilegios, tu lugar en el corso nunca está garantizado. Y así, año tras año, la fiesta termina siendo para pocos, mientras la bronca se acumula entre quienes sostienen el carnaval desde abajo.

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