Tienen más de 25, estudian y trabajan, pero siguen viviendo con sus padres: la generación atrapada

Salta21/01/2026Redacción El CaudilloRedacción El Caudillo
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En Salta, independizarse dejó de ser una meta y pasó a ser un privilegio. Según datos de la fundación Tejido Urbano, el 63,7% de los jóvenes de entre 25 y 35 años continúa viviendo en el hogar familiar, una de las cifras más altas del país y muy por encima del promedio nacional, que en 2025 se ubicó en el 38,3%. El dato no sorprende, pero sí desalienta: trabajo escaso, sueldos bajos, alquileres imposibles y un Estado cada vez más ausente.

La provincia queda así entre las más golpeadas del Norte Grande, junto a Santiago del Estero (64,8%), Chaco (48%) y Formosa (48,9%). Detrás de los números hay una realidad cruda: jóvenes formados o en formación, con ganas de trabajar, que chocan una y otra vez contra un mercado laboral que exige experiencia imposible de tener cuando recién se empieza. El círculo es perverso: no hay trabajo sin experiencia y no hay experiencia sin trabajo.

El acceso al empleo es el principal obstáculo. La desocupación entre personas de 25 a 35 años es 1,5 puntos más alta que la del conjunto de la Población Económicamente Activa y la brecha se agranda entre quienes no lograron emanciparse. Mientras el desempleo es del 5,3% entre los jóvenes que ya viven solos, salta al 10,1% entre quienes siguen en la casa familiar. Casi el doble. Una diferencia que no habla de falta de voluntad, sino de falta de oportunidades reales.

A esto se suma la informalidad: el 36% de los jóvenes trabaja en negro, seis puntos por encima del promedio general. Sin estabilidad, sin aportes y con ingresos que no alcanzan. En promedio, los jóvenes de entre 25 y 35 años ganan un 10% menos que el resto de la población económicamente activa. Y la brecha es aún más brutal cuando se compara a quienes lograron independizarse: sus ingresos duplican a los de quienes no pudieron hacerlo. La independencia, en Salta, tiene precio y no todos pueden pagarlo.

El contexto nacional tampoco ayuda. Las políticas de recorte impulsadas por el gobierno de Javier Milei profundizaron la crisis social y laboral, mientras los alquileres se dispararon a niveles absurdos. A los valores imposibles se suman requisitos cada vez más restrictivos: garantías, adelantos, ingresos que la mayoría de los jóvenes no tiene. El resultado es previsible: muchos tuvieron que volver a la casa de sus padres o abuelos, no por comodidad, sino por supervivencia.

En este escenario, la salud mental aparece como la gran olvidada. No hay políticas públicas serias que acompañen a jóvenes que atraviesan frustración, ansiedad y angustia por no conseguir un trabajo digno ni un proyecto de vida propio. Se les exige resiliencia, esfuerzo y paciencia, pero se les ofrece poco y nada a cambio. La presión social de “progresar” choca contra una realidad que empuja al estancamiento.

El informe también señala que quienes continúan estudiando tienen el doble de probabilidades de seguir viviendo con sus padres. En Salta, donde estudiar casi siempre implica trabajar al mismo tiempo para sostener el día a día, las carreras se alargan y el futuro se posterga. No por falta de capacidad, sino por falta de condiciones.

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